No sé ser feliz

burgos 

Y paseo lentamente: perdido, sin saber a dónde voy, sin saber casi ni quién soy ahora. Las antiguas paredes de piedra me observan, intento devolverles la mirada pero no puedo y agacho la cabeza, no soy digno de hacerle frente a todas las almas que han pasado por las mismas calles, que han pisado las mismas piedras. Absorto, miro la fachada de la catedral en el reflejo de una fuente (parece tan pura). ¿Podría Dios aliviar el peso de mi conciencia? Supongo que si tuviese la oportunidad de verle cara a cara me mandaría de una patada en el culo al infierno. Y en vez de eso vuelvo la cabeza, suspiro, y hago lo que mejor se hacer. Está en la misma plaza, un lugar en el que generaciones han ahogado sus penas, en el que muchas historias han ido cayendo en el olvido pero cuyas esencias aún perduran, y eso se nota en el ambiente. Podría decirse que ese bar, melancólico y lúgubre, tiene la edad de la catedral.

Dos jóvenes están sentados en una mesa tomándose unos cachis de cerveza, un señor de unos 70 años está de pie en la barra con la mirada perdida. Con su mano izquierda rodea una copa de whisky y con la otra sostiene un ducados negro abandonado a su suerte. El camarero se acerca…
-Buenas noches.- a lo que no recibe contestación. -¿Que le pongo?
-Un whisky, por favor.
-Veo a muchos como tú por aquí, ¿qué es lo que te preocupa?
-Que no sé ser feliz.


9 Responses to “No sé ser feliz”

Leave a Reply