Ene
12
2010

Fotografía: Mirian Santamaría Ruiz
Pum pum, pum pum, pum pum. Silencio.
Solo puedo oír latidos dentro de mi cabeza, a mi izquierda humea un cigarro en un cenicero desbordante. Mis manos tiemblan sobre las letras, ya desgastadas por el tiempo, de una vieja máquina de escribir, un folio en blanco…
Pum pum, pum pum, pum pum.
Tantos años de obsesión, de buscar y crear la “gran historia”, de, incluso, creer que era la mía propia, mi vida; después de haberlo dejado todo, no puedo hallar el final.
Pum pum, pum pum, pum pum. Silencio.
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Dic
9
2009

Fotografía: Mirian Santamaría Ruiz
Sería un martes de Noviembre hace cuatro años. Puede que fueran las tres o cuatro de la mañana, eso ya no lo sé. Había salido a tomarme unas copas, a desconectar de todo.
Esa noche conocí a alguien era una niña rubita, muy mona y muy simpática, no paraba de hablar. También conocí al chico que estaba con ella, parecía unos cuantos años mayor que Claudia (así se llamaba la niña) y mucho más serio, daba la impresión de estar en constante tensión y si en algún momento de la noche una sonrisa se dibujó en su rostro, fue tan forzada que respaldaba aún más mi teoría de que era un terrible “villano”. A medida que pasaba la noche me daba cuenta de que la extroversión de Claudia era solo una máscara y que realmente tenía una autoestima muy baja y un sometimiento muy fuerte por parte del tipo ese.
Llegué a casa, mi pequeñita estaba ya dormida. No podía esperar, me quité la ropa y me acosté junto a ella. Se despertó cuando la rodeaba entre mis brazos.
-Hola cosita.
-Hola, ¿qué tal por ahí? Me contestó. –Pareces muy contento.
-Es que he conocido a alguien, he conocido una historia…
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Nov
29
2009

Fotografía: Mirian Santamaría Ruiz
Si hoy alguien abriera la Caja de Pandora, ¿qué sería lo peor que podría salir?
Para mí, la impotencia. Sentir dentro de ti una gran energía que ansía salir y darse a descubrir al mundo entero y no ser capaz de convertirla en palabras, imágenes, notas musicales… no poder expresar tus pensamientos o esperar agonizando a que una historia genial se cruce en tu camino para poder dejar huella.
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Oct
24
2009

Fotografía: Mirian Santamaría Ruiz
Cuando vuelves la vista atrás puedes contemplar con frialdad todas tus acciones pasadas. A veces te das cuenta de que hiciste las cosas bien y, en cambio, otras veces te das cuenta de que lo hiciste todo realmente mal. Y es, en este momento, cuando me gustaría poder chasquear los dedos y volver a estar a su lado, volver a sentir el frio de sus pies acurrucándose entre los míos o la sensación de estar atrapado en su mirada, tan sincera, tan profunda, y no querer salir de allí jamás.
Pensé que unas letras en la pantalla de un ordenador era lo más importante en mi vida pero ahora que solo tengo eso me doy cuenta de que no soy nadie y de que he perdido demasiado por una estúpida obsesión. Antes, quería ser escritor por encima de todo, ahora, desearía ser persona.
Es extraño, cuando la sombra de la muerte me persigue, incesante, es cuando más humano me siento.
no comments | tags: deseo, errores, escritor, frialdad, humano, muerte, obsesión, pasado
Sep
6
2009

Fotografía: Mirian Santamaría
Cada mañana el hombre de las palomas sigue ahí. Fiel a algo que aún no sé lo que es. En parte le envidio, es capaz de aferrarse a sus recuerdos, su historia, y seguir viviendo ahí.
En cambio, mi historia parece desvanecerse cual efímero humo se dispersa al gran vacío en el que vivo. Me siento extraño, es algo parecido a la angustia que me oprime el pecho y poco a poco va ganándome terreno. ¿Estaré desapareciendo yo también?
Un gran filósofo dijo una vez que las cosas existen solo si alguien tiene conocimiento de ellas. Y qué será de mí si todos creen que he muerto… Si ya no quedo en el recuerdo…
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Ago
27
2009

Fotografía: Mirian Santamaría
Hoy, paseando, he visto a un hombre.
Estaba sentado en un banco en la plaza de la catedral dando de comer a las palomas. Vestía con gabardina gris, unos pantalones negros que dejaban asomar unos ejecutivos, que, a jurar por su aspecto, habían recorrido demasiadas calles, y una parte de pantorrilla.
No tenía buen aspecto. Todos sus movimientos eran más bien mecánicos: como desmenuzaba un mendrugo de pan y lo lanzaba a pocos centímetros de sus pies. Parecía como si sus pensamientos estuviesen a cientos de años luz de aquella plaza, no había asomo alguno de vida en sus ojos.
Me senté a su lado y esperé, mirándolo… Ni siquiera volvió la cara, como si de un fantasma me tratase.
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Jul
14
2009

Nadie dijo que vivir fuese fácil y menos compartir tu vida con alguien. Por aquel entonces aún no vivíamos juntos pero ella estaba la mayor parte del tiempo en mi casa. Las discusiones empezaban a aparecer en nuestras vidas, no hay nada como una buena pelea para no caer en la rutina. Aunque, verdaderamente, lo que me gustaba era lo que venía a continuación…
Todas las promesas del mundo juradas, en bajito, al oído, mientras la tenía en mis brazos, fuertemente apretada contra mi pecho; montones de disculpas zumbando de un lado a otro con temor a escapar; sus ojos, fijos en los míos, húmedos ya por las lágrimas que descendían suavemente por sus mejillas.
-No llores por mí. –Le dije.- No lo merezco.
Sequé sus lágrimas con cuidado y la cogí en brazos; la llevé al dormitorio, la tumbé en la cama y me recosté a su lado: era preciosa. La estuve mirando durante unos minutos, seguro de que nunca jamás volvería a ver algo tan hermoso y delicado. Me acarició la cara, el cuello, el torso… Tiernamente la besé en el hombro mientras que mi mano acariciaba su cuerpo con mucha suavidad: primero el cuello, muy sexy, después rodeé su pecho y bajé lentamente por su cintura hasta llegar a las piernas; fui subiendo su vestido poco a poco, necesitaba que aquel momento fuese tierno y cariñoso más que salvaje. Mientras nos quitábamos la ropa el uno al otro nuestras miradas permanecían presas una de la otra y ninguno teníamos el valor de apartarla por temor a que algo se rompiera, como si aquella conexión, aquel momento de total entrega, fuese a disiparse con un soplido.
Uno de sus brazos rodeaba mi espalda y su otra mano jugueteaba entre mis muslos con suaves caricias; sus piernas se perdían entre las mías, rodeándolas como si de una serpiente se tratase; yo la acariciaba el pelo mientras que recorría, de un lado a otro, el calor de su cuerpo.
Y la besé. La besé cada rincón, cada centímetro de su piel y su cuerpo ansioso de llegar a ella, de sentir que no hay límites entre su cuerpo y el mío, que somos un solo ser. Y los jadeos se oían cada vez más, y nuestros cuerpos no podían parar, y mi mente se empezó a nublar, ya no podía pensar solo sentir, y, por fin, la sentí, me sentí, el mayor de los placeres carnales cobró vida en nuestro interior…
Abrí los ojos: mi pequeña tenía una ligera sonrisa y sin abrir los suyos me abrazó fuertemente y susurró…
-No te alejes de mí, nunca.
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Jul
6
2009

Un dolor punzante atraviesa mi cabeza, aún no puedo abrir los ojos. Me duele todo el cuerpo y la sensación de que toda la habitación está dando vueltas es cada vez mayor. El olor a alcohol en mi ropa y el horrible sabor a cenicero de mi boca me resultan terriblemente familiares. Por un momento pensé que todo lo que había ocurrido hasta ahora era una pesadilla: cagarla en mi trabajo, perderla a ella, joder mi vida… pero a medida que mis ojos se acostumbran a la claridad del día me doy cuenta, también, de que no ha sido un sueño.
Su imagen viene a mi memoria: apoyada ligeramente en el marco de la puerta de la habitación con los brazos cruzados; sus labios, firmemente cerrados, sin asomo alguno de una pequeña sonrisa de buenos días; mirándome como quién mira a la decepción de frente, largo y tendido; suspira lentamente y, contra todo pronóstico, con el mayor cuidado del mundo cierra de nuevo la puerta.
Cierro los ojos y deseo no volver a despertar jamás.
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Jun
17
2009
Y paseo lentamente: perdido, sin saber a dónde voy, sin saber casi ni quién soy ahora. Las antiguas paredes de piedra me observan, intento devolverles la mirada pero no puedo y agacho la cabeza, no soy digno de hacerle frente a todas las almas que han pasado por las mismas calles, que han pisado las mismas piedras. Absorto, miro la fachada de la catedral en el reflejo de una fuente (parece tan pura). ¿Podría Dios aliviar el peso de mi conciencia? Supongo que si tuviese la oportunidad de verle cara a cara me mandaría de una patada en el culo al infierno. Y en vez de eso vuelvo la cabeza, suspiro, y hago lo que mejor se hacer. Está en la misma plaza, un lugar en el que generaciones han ahogado sus penas, en el que muchas historias han ido cayendo en el olvido pero cuyas esencias aún perduran, y eso se nota en el ambiente. Podría decirse que ese bar, melancólico y lúgubre, tiene la edad de la catedral.
Dos jóvenes están sentados en una mesa tomándose unos cachis de cerveza, un señor de unos 70 años está de pie en la barra con la mirada perdida. Con su mano izquierda rodea una copa de whisky y con la otra sostiene un ducados negro abandonado a su suerte. El camarero se acerca…
-Buenas noches.- a lo que no recibe contestación. -¿Que le pongo?
-Un whisky, por favor.
-Veo a muchos como tú por aquí, ¿qué es lo que te preocupa?
-Que no sé ser feliz.
6 comments | tags: bar, burgos, calle, catedral, melancolía, tristeza
May
20
2009

Autor: Mirian Santamaría Ruiz
Largas noches de tinieblas abundan en tu sórdida existencia. El tintineo de los hielos en una copa de whisky es lo único que traspasa ese silencio paradójicamente atronador. Alguna vez lamentaste no haberte convertido en alguien normal, una persona completamente convencional… pero para eso está tu auto convencimiento de que es por lo que tu pequeño espíritu bohemio suspira, desea, ama, anhela, ansía… un torrente de sinónimos atraviesan tu mente una vez fugaz y brillante, pero que por caprichos del destino, ahora grita desesperadamente, ahogándose cada vez más, en whisky barato y narcóticos.
A duras penas consigues levantarte para mirar por la ventana. Pequeñas almas, atrapadas en esos cuerpecitos, van y vienen de un lado a otro, posiblemente sin saber cuál es su verdadero destino. Una luna roja precede, como la calma a la tempestad, a otro odioso día al cual prefieres no conocer. Reconoces que aún queda algo de humanidad en ti, puesto que tras tantos largos años sigues admirando la fantasmagórica belleza de la catedral que se asoma entre las copas de dos castaños. Brillante, con su perpetua luz amarillenta, recorta la oscura silueta de la ciudad y al fondo cuatro torreones adivinan lo que en su día fue un majestuoso castillo con una tenebrosa historia a sus espaldas.
Finalmente te sientas frente a tu vieja máquina de escribir, he intentas plasmar las líneas de tu vida pero como cada noche un eterno remolino de conceptos emborronan una página en blanco hasta caer en la inconsciencia.
Extrañamente hubo un día en el que fuiste feliz.
4 comments | tags: burgos, castillo, catedral, destino, tinieblas | posted in La voz que grita en mí
May
18
2009

Hoy he vuelto.
No junto a ella, sino a mi ciudad natal. Después de largas semanas encerrado en mí mismo y no poder parar de pensar en los días en los que fui “feliz”, llego a Burgos. Puede que sea porque necesito saber que estoy más cerca, que puede que algún día vuelva a verla, aunque ella no me vea a mí…
Aquí todos me han olvidado ya y mi antiguo ático parece muerto. Todo está cubierto por sábanas y el polvo parece no haberle dado tregua al tiempo. Me acerco a la entrada y tiro de la sábana que cubre el espejo. Con cierto recelo me miro en él por temor a quien pueda ver. Dicen que los vampiros no ven su reflejo, ojalá fuese yo un vampiro pues a quien vi solo era el eco de lo que un día fui.
no comments | tags: burgos, ecos, olvido, reflejos
May
18
2009

¿Vuelve a estar conmigo?
Hoy al despertar estaba ella, aún sin abrir los ojos, notaba su presencia: su olor, su perfume entre las sabanas… He estirado el brazo para acariciarla pero no estaba. Tampoco estaba en la ducha, el agua no sonaba; no había salido a correr porque no me había dejado ninguna nota en la mesilla; tampoco estaba haciendo el café y las tostadas, no la oía tararear…
De repente algo me arrancó las entrañas de golpe y la angustia vino a visitarme de nuevo: la mujer a la que quiero no estaba dormida a mi lado, solo me acompañaba en el recuerdo.
no comments | tags: añoranza, melancolía, recuerdo
May
10
2009

La miro, me mira, sonríe, yo aparto la mirada, “¿qué te ocurre?” me pregunta, “nada” contesto.
- Venga… sé cuando te ocurre algo, cuéntamelo.
-No es nada importante, solo es, que bueno… llevamos ya un tiempo viéndonos y… te he cogido mucho cariño, lo sabes ¿no?
-¿Qué me quieres decir…?
-Te quiero
-¡¿Qué?!
-Que te quiero
-No…
-Sí…
-No puedes
- ¿Por qué?
-Porque me harías daño…
-No lo haré, te lo prometo. Me he dado cuenta de que quiero estar contigo, siempre.
La miro, me mira, la abrazo, “no me mientas nunca” me susurra, “nunca” la susurro…
no comments | tags: amor, cariño, pareja
May
4
2009

Meses después de haberla conocido nuestra “relación” seguía igual: nos llamábamos, quedábamos, nos acostábamos, ella se iba por la mañana, y yo seguía viendo a otras mujeres. Nunca se lo oculté. A ella no parecía molestarle, “no somos pareja” me decía “eres libre de hacer lo que quieras, como yo” pero podía notar como algo se apagaba en su mirada cada vez que la decía que me había acostado con otra… y para ser sincero algo en mí se revolvía cuando la veía así. ¿La estaba cogiendo cariño? Puede que sí pero aún era pronto para saberlo.
Si ella se acostaba con otros, nunca lo supe.
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Abr
26
2009

Fotografía: Frank Fell
Ha pasado casi un mes desde que llegué aquí. París… la ciudad del romanticismo… paradójico lugar en el que acabar teniendo en cuenta de donde vengo… sin embargo, mi visión es muy diferente. Antros, pobreza, ratas, calles pestilentes… y, bueno, hay quienes dicen que sí que hay mucho amor por estas calles, si pagas por ello, claro.
Cada noche salgo de mi agujero para perderme por las entrañas de una ciudad que parece revivir su pasado una y otra vez, al igual que mi conciencia. Sin saber dónde ni cuándo cada amanecer aparezco a los pies del Sacré Coeur tras haber recorrido las oscuras calles del barrio de Montmartre atraído, supongo, por las leyendas de escritores malditos que habitaron allí siglos atrás.
Supongo que es por mi masoquismo crónico pero caminando cada noche por este eterno lugar me acuerdo de ella y sólo una idea habita en mi cabeza… Regresar.
no comments | tags: escritores, leyenda, malditos, París
Abr
21
2009

Fotografía: JMAB
¿Cómo empecé a escribir? Pues, incluso, aún me lo pregunto. Hasta aquel momento sólo había escrito unas cuantas frases sin mucho sentido, demasiadas emociones revoloteando en un folio en blanco. Más que nada era una especie de pasatiempo, como un método de escape de la realidad. Pero entonces un hormigueo empezó a crecer en mi interior y todas las emociones empezaron a cobrar sentido. Reconozco que ella tuvo mucho que ver en todo esto, era como mi musa. Me encantaba notar su respiración en la nuca intentando leer, medio a escondidas, por encima de mi hombro, todo lo que tecleaba. Otras veces la miraba mientras que, con su boquita ligeramente abierta, leía absorta los últimos capítulos de una historia todavía sin final.
no comments | tags: comienzo, ilusiones, sueños
Abr
12
2009

Cuando te acuestas una noche con alguien no pretendes nada más que algo de sexo y un cuerpo bonito y sexy. Ni siquiera te planteas si tenéis algo en común. Unas copas, cuatro tonterías susurradas a un oído deseoso de escucharlas, una cama y una necesidad de saber que aún sigues siendo atractivo, que si quiero, aún, puedo dormir con un cuerpecito en mi cama, que, aún, puedo obtener algo de cariño. Cuando te acuestas una noche con alguien no piensas que es la mujer de tu vida. Pero… ¿y si es más que un cuerpo bonito y que resulta que sí que hay algo en común; que te das cuenta de que cuando estás con ella no quieres dejarla marchar; que una noche no es solo una, sino que se convierte en varias y después en casi un año?
¿Y si resulta que sí es la persona que quieres que esté a tu lado siempre?
Ella es mi siempre, mi todo.
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Abr
2
2009

Fotografía: Adrián Gómez
Hay alguien en mi cabeza. Es como una sombra, incorpóreo, algo volátil y sin rostro, puede que sea fruto de mi ya perpetuo delirio. Me dice que te olvide, que has dejado de existir, que ya solo eres dolor. Me lo pide con la facilidad que se le pide a un niño que deje de creer en los Reyes Magos para madurar y convertirse en un hombre responsable de esos que te encuentras siempre con traje y corbata, de los que caminan por la calle con el ceño fruncido casi sin saber dónde van sus pasos, de los que llevan casi toda su vida metida en un maletín. Me lo pide porque él no te ha mirado a los ojos y se ha perdido; porque él no es capaz de recordar a cada minuto el olor de tu pelo cuando te despertabas a mi lado; porque él no ha sentido una oleada de esperanza, como si el mundo fuese menos jodido cuando sentía el calor de tus labios. Porque si no, no me pediría tal tortura.
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Abr
2
2009

Cómo explicarte que eras la razón de mi vida, el motivo por el que, ahora, cada mañana me despierto sin vida al ver que ya no existo para ti, que te alejé sin explicarte nada… y es ahora cuándo herido y delirante comprendo mis errores. Perdóname pequeña mía pues no supe cómo quererte.
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Abr
2
2009

Casi no consigo recordar cómo empecé a hablar con ella y menos como pude gustarle para que accediera a venirse conmigo. Supongo que nadie dice que no a un lio de una noche… hubiese sido mejor si me hubiera despedido de ella después de aquello… de esa forma la habría ahorrado mucho dolor. La llevé a mi apartamento después de haber recorrido otro par de bares y de tratar de contarnos un trocito de nuestras historias. Todo era muy natural, como si nos conociéramos de antes y una rara confianza existiera entre nosotros, me sentía bien con ella y eso me gustaba. Lo que vino después sí que lo puedo recordar, como poder olvidarlo… aún estaba más bella tumbada sobre mi cama, desnuda esperando el calor de mi cuerpo. Su piel era suave y había algo en ella que trastornaba todos mis sentidos y que nublaba mi juicio, me volvía loco. Quería poseerla y ella a mí, ansiaba su cuerpo como caminante del desierto ansía una pequeña gota de agua. Ella se puso encima de mí y nos rendimos al placer de nuestros cuerpos. Podía notar su entrecortada respiración y su corazón latía fuertemente contra el mío, eso me excitaba aun más. La sentía vibrar entre mis brazos mientras me apretaba fuertemente contra su cuerpo hasta que el placer cobró forma y un estado de éxtasis se apodero de nosotros y caímos exhaustos…
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